Cómo escribir un beso inolvidable en una novela romántica
Todo comienza mucho antes de que los labios se encuentren
Todos recordamos algún beso literario que nos hizo cerrar el libro durante unos segundos o incluso volver a leer la escena. Y no porque fuera el más apasionado, ni siquiera porque se describiera cada movimiento, sino porque llevábamos trescientas páginas esperándolo.
Lo cocinamos a fuego lento y, de pronto, llega ese instante.
Y cuando por fin ocurre… el mundo entero se detiene para nosotros.
Es ahí cuando comprendí que los mejores besos nunca empiezan cuando dos labios se encuentran. Ni siquiera comienzan en esa escena. Empiezan mucho antes, incluso desde las primeras páginas.
¿Qué hace inolvidable un beso?
No es el beso.
Imagínate esta escena.
Él la mira después de que ella hiciera algo imprudente, como ponerse en peligro. Eso provoca una discusión entre ambos. Y, de pronto, notas esa tensión entre ellos. Hay algo en el aire que no se puede describir, pero tú lo sientes. Casi podrías tocarlo.
No se besan.
Solo se miran.
Y ahí está.
La tensión.
Sin tocarse. Sin decirse nada más. Incluso sus respiraciones son más rápidas de lo normal y, justo entonces, termina el capítulo.
Eso es lo que yo llamo subir la barra emocional. A medida que pasan los capítulos sin besarse, pero esa tensión sigue creciendo, el lector solo puede desear una cosa: descubrir cómo continúa esa historia.
Porque, seamos sinceros, no todas las novelas necesitan tener spicy. De hecho, ese es un tema del que me gustaría hablar en otro artículo.
Lo que hace inolvidable un beso no es el beso.
Es la tensión que lo precede.
La tensión
En mi artículo sobre Enemies to Lovers hablo mucho de la importancia de la tensión entre los protagonistas y aquí ocurre exactamente lo mismo.
Una mirada que se intensifica y parece decir todo aquello que ninguno se atreve a pronunciar.
Un roce inocente que va mucho más allá y está cargado de una química imposible de ignorar.
Un silencio que, lejos de resultar incómodo, cuenta mucho más de lo que ambos sienten.
La respiración acelerada, como si acabaran de correr varios kilómetros sin haberse movido del sitio.
Y la proximidad. Puede que no lleguen a tocarse, pero sus cuerpos parecen desearlo.
Todo eso hace que un beso tenga sentido cuando finalmente llega.
Los silencios hablan
Y esta es, para mí, una de las partes más importantes.
No hace falta que hablen entre ellos. Ni siquiera que estén cerca.
Vamos a ponernos en situación con una pequeña escena.
«No debería estar aquí. Ni siquiera debería mirarlo, pero…
Cuando alcé la vista, me sorprendió encontrarlo allí, fingiendo una felicidad que no sentía.
Estábamos rodeados de personas en aquella fiesta. Él estaba acompañado de una joven a la que ni siquiera amaba, pero estaba obligado a hacerlo. Y yo seguía allí, siendo una completa idiota incapaz de apartar la mirada.
Suspiré y bajé los ojos hacia mi copa de vino. Esa noche parecía ser la única compañía que tendría.
Cuando volví a levantar la vista, era él quien me estaba mirando.
Sus ojos pedían perdón.
Vi cómo tragaba saliva mientras seguía observándome con esos ojos azules que conocía demasiado bien. El ambiente se volvió más intenso y, durante unos segundos, todo el mundo desapareció. Solo quedábamos nosotros dos.
Lo único que quería era levantarme, tomarlo de la mano y sacarlo de allí.
Pero no lo hice.
Fui la primera en romper el contacto visual.»
¿Veis la escena?
No se dicen “te quiero”, pero lo demuestran.
Y, muchas veces, eso pesa muchísimo más que cualquier declaración.
El lenguaje corporal
No hace falta describir un beso durante cinco párrafos. Eso termina resultando excesivo y, en ocasiones, incluso aburrido.
Basta con unos dedos temblando por los nervios.
Con una respiración irregular al estar tan cerca.
Con ese paso hacia delante que uno de los dos da… y la duda del otro.
Eso emociona.
Eso hace que quieras zarandear a los personajes para que reaccionen de una vez. Porque tú también necesitas que ese beso ocurra.
Y precisamente esa espera es la que lo convierte en un momento inolvidable.
El momento perfecto
Y aquí viene una de las claves.
Cuando ese momento llega, no debería hacerlo deprisa.
Has pasado capítulos construyendo esa tensión a fuego lento como para resolver el beso en apenas dos párrafos.
Es más, cuanto más tarda en llegar, más suele disfrutarse.
De ahí nace el famoso Slow Burn, aunque de ese trope hablaremos otro día.
En mi novela El misterio de Willow, la relación entre los protagonistas se cocina muy despacio y, precisamente por eso, disfruté muchísimo más escribiendo ese momento cuando por fin llegó. Después de tantas semanas construyendo esa tensión, sentí que realmente se lo habían ganado.
Errores frecuentes
1. Besarlos demasiado pronto.
Si tu intención es construir una relación lenta, hacer que se besen demasiado pronto hará que gran parte de la magia desaparezca.
No todas las historias necesitan un romance a fuego lento, pero si ese es tu planteamiento, debes respetar el ritmo que tú mismo has creado.
2. Describir demasiado.
No estás escribiendo una escena erótica. Estás escribiendo un momento que debe emocionar.
Tres páginas describiendo un beso pueden terminar cansando al lector.
Busca el equilibrio.
Haz que lo sienta.
3. Que el beso no cambie nada.
Si después del beso la historia continúa exactamente igual, quizá haya algo que revisar.
Ese momento debería marcar un antes y un después.
4. Que parezca una escena aislada.
El beso debe formar parte de la historia.
Debe traer consecuencias.
Cambiar la relación.
Complicar las cosas.
No puede sentirse como una escena añadida solo porque sí.
Mi opinión
Como escritora, disfruto mucho más construyendo todo lo que ocurre antes del beso y todo lo que sucede después que escribiendo el beso en sí.
Quizá sea porque mi yo lectora siempre ha disfrutado más esperando ese momento que viviéndolo.
Al final, ese es uno de los mayores secretos que he aprendido escribiendo.
No escribas la escena que crees que los demás quieren leer.
Escribe aquella que a ti te habría emocionado como lectora.
Porque cuando una escena consigue hacerte sentir algo mientras la escribes, hay muchas posibilidades de que también emocione a quien la lea.
Quizá por eso nunca recuerdo exactamente cómo fue un beso literario.
Lo que siempre recuerdo es todo lo que sentí mientras esperaba que ocurriera.
¿Hay algún beso literario que nunca hayas olvidado? Me encantará leerte en los comentarios.
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