¿Qué es el Enemies to Lovers y por qué nos gusta tanto?

En el mundo literario existen millones de historias. Algunas cuentan cómo sus protagonistas se enamoran desde el primer capítulo.

Y luego están esas otras en las que cada conversación parece una batalla digna de librar, donde una sola mirada pesa mucho más que un beso, aunque las palabras nunca lleguen a expresar lo que realmente sienten.

Ese tira y afloja. Ese “odio” que parecen sentir el uno por el otro y que, sin embargo, no les impediría dar la vida por la otra persona.

Si alguna vez has disfrutado viendo cómo dos personajes pasan de querer matarse a no poder vivir el uno sin el otro, quizá ya seas fan incondicional del Enemies to Lovers.

Pero, ¿qué significa realmente el trope Enemies to lovers?

En castellano significa literalmente “de enemigos a amantes”.

Se trata de uno de los tropos más conocidos tanto en la literatura como en el cine. Dos personas que, desde el principio, mantienen una relación de enemistad y que, poco a poco, terminan desarrollando sentimientos el uno por el otro.

Pero lo que realmente hace tan popular este trope no es solo el romance. Es la tensión que existe entre los protagonistas. Una tensión que puede ser emocional, romántica o incluso física y que mantiene al lector esperando ese instante en el que todo cambiará.

Ahora bien, no en cualquier novela funciona.

A veces se siente forzado o innecesario. Imagina a dos mejores amigos que, por un motivo que todavía desconocemos, terminan convirtiéndose en enemigos. Ese misterio puede ir descubriéndose poco a poco mientras avanza la historia.

Sin embargo, este trope deja de funcionar cuando se cruzan líneas imperdonables, cuando la evolución es demasiado rápida o cuando la relación carece de química. El lector necesita creer que ese cambio es posible.

Y precisamente por eso, un buen Enemies to Lovers termina convirtiéndose en nuestro mejor aliado para no poder soltar el libro.

¿Por qué nos gusta tanto?

Primero: la tensión.

La tensión que existe entre ellos desde el primer capítulo hace que nos peguemos al libro como si fuera un salvavidas.

Esas miradas, esas frases que parecen querer decir otra cosa, ese roce cuando, sin querer, sus manos se encuentran. O esa discusión que se vuelve cada vez más intensa hasta el punto de hacernos pensar que, en cualquier momento, terminarán besándose.

El hecho de que no ocurra desde el principio hace que estemos constantemente preguntándonos:

¿Qué pasará después?

¿Cuándo confesará lo que siente?

¿Será en el siguiente capítulo cuando todo cambie?

Segundo: el orgullo.

Aquí aparece uno de los mayores enemigos de cualquier romance.

El orgullo, los malentendidos, el choque de egos, las heridas del pasado, las barreras sociales o personales.

Todo aquello que impide que los protagonistas den el paso que ambos desean dar.

Es ahí donde se resisten a admitir lo que sienten por miedo a ser vulnerables o a descubrir que la otra persona no siente lo mismo.

Un ejemplo perfecto es «Orgullo y prejuicio», de Jane Austen. Si lo has leído, entenderás perfectamente hasta qué punto el orgullo puede cambiar una historia de amor.

Tercero: la atracción contenida.

Sí, esa tensión que puedes sentir incluso sentada en el sofá gracias al poder de la imaginación.

Imagina una escena.

Ella explota de rabia por algo que él ha hecho. 

Él no responde. Solo observa sus ojos, sus labios moviéndose mientras habla, la pequeña arruga que aparece en su entrecejo cuando se enfada.

Ella sigue gritando.

Y entonces…

La besa.

Pero incluso si ese beso nunca llega, la tensión ya está ahí. Y eso es precisamente lo que hace tan especial este trope.

Cuarto: la evolución.

Aquí empieza la verdadera magia.

Ya no se trata de que se lleven bien. Se trata de esos pequeños cambios que el lector detecta antes incluso que los propios personajes.

Una sonrisa, una mirada distinta, un gesto de preocupación, una caricia accidental y lo mejor es que casi nunca ocurre de golpe.

Un día discuten.

Al siguiente se protegen sin darse cuenta.

Después empiezan a preocuparse el uno por el otro.

Y, cuando quieres darte cuenta, ya no recuerdas en qué momento dejaron de ser enemigos.

Quinto: la vulnerabilidad.

Llega ese momento en el que todo parece estar a punto de cambiar.

Todavía no son pareja pero ya tampoco son enemigos. Entonces aparece un accidente, una confesión, los celos, un secreto, un problema. Algo que obliga a ambos a bajar la guardia.

Y es ahí donde comienza la verdadera conexión.

Sexto: la confianza.

El último paso.

Ya puede ocurrir cualquier cosa.

La confianza está ahí.

Es firme.

Y cuando finalmente llegan al momento que llevábamos esperando durante toda la novela, miramos atrás y comprendemos que todo ese camino ha merecido la pena.

¿Qué hace que funcione?

Porque es adictivo y genera una tensión que difícilmente encontramos con la misma intensidad en otros tropos. Ese contraste entre el “te odio” y el “te amo” despierta nuestra curiosidad desde el primer momento.

Y cuando el cambio está bien construido, cada pequeño avance resulta muchísimo más satisfactorio.

Simplemente funciona.

Los errores más comunes

Aquí es donde un buen Enemies to Lovers puede convertirse en una auténtica pesadilla para el lector.

Y, como escritora, sé de lo que hablo.

Confundir enemigos con personas maleducadas.

No es lo mismo mantener una enemistad llena de tensión y diálogos ingeniosos que intercambiar insultos constantemente.

Hacer que el cambio ocurra demasiado rápido.

Si en el capítulo tres ya son pareja, el trope pierde gran parte de su esencia.

Que el odio no tenga sentido.

El lector necesita comprender por qué existe esa enemistad.

Perdonar cosas imperdonables sin desarrollo.

La evolución debe sentirse ganada. No basta con pedir perdón.

Hay que demostrar el cambio.

Algunos ejemplos conocidos

Como ya he mencionado, Orgullo y prejuicio es probablemente uno de los mejores ejemplos.

También encontramos este trope en películas como Tienes un e-mail, Tenías que ser tú o 10 razones para odiarte.

Si todavía no las has visto, te las recomiendo.

Y aquí llega mi parte favorita: mi opinión.

Siempre he disfrutado muchísimo de este trope.

Es uno de mis favoritos porque consigue mantenerme en tensión durante toda la novela.

La leo hasta en sitios donde no debería, porque necesito saber qué va a ocurrir después.

Como escritora, siempre termino disfrutando más de este tipo de relaciones porque me permiten construir la tensión poco a poco, a fuego lento. Me interesa mucho más aquello que los personajes callan que aquello que dicen.

Y ahí es donde, para mí, nace la verdadera tensión.

Quizá por eso seguimos disfrutando tanto de este trope.

Porque, más que ver a dos personas enamorarse, asistimos al momento en que dejan de verse como enemigos y empiezan, casi sin darse cuenta, a elegir confiar el uno en el otro.

En mis propias novelas, especialmente en la historia de Zev y Olivia, me siento especialmente cómoda escribiendo relaciones donde la tensión y el misterio evolucionan de la mano, porque creo que las mejores historias de amor también esconden preguntas por responder.

Al fin y al cabo, quizá eso sea lo que hace inolvidable a un buen Enemies to Lovers: no el momento en que los protagonistas se besan, sino todo el camino que han recorrido hasta llegar a él.

¿Cuál es tu pareja Enemies to Lovers favorita? ¿Hay algún libro o serie que te hiciera enamorarte de este trope? Me encantará leerte en los comentarios.

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