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¿Por qué lloramos por personajes que no existen?

La psicología detrás de esos libros que nos rompen el corazón

Tras terminar de leer el último párrafo, cierras el libro con un sabor amargo. Ni siquiera entiendes el motivo, menos si la novela acabó bien —o peor si acabó de una forma inesperada—, y entonces, lo dejas sobre la mesilla.

Y durante unos segundos que se convierten eternos, te quedas mirando el techo sin entender que es lo que te ocurre. Y no es porque la historia hubiese terminado, sino porque acabas de perder a alguien que nunca existió.

Quizás era un personaje que murió, quizás simplemente porque llegaste al final de una novela o una saga y no estabas preparada para despedirte de ese personaje. Pero ahí estas, sintiendo un vacío muy real por alguien que jamás había existido fuera de esas páginas.

Y entonces, aparece la gran pregunta.

¿Cómo puede dolerte tanto alguien que solo vivía en nuestra imaginación?

Y en este artículo hablaremos sobre ese sentimiento y el porqué sucede. Porque tiene explicación y ahora entenderás los motivos.

¿Nuestro cerebro sabe que no son reales?

A ver, partamos por algo que es lógico: todos sabemos que un personaje no existe.

Pero mientras leemos sucede algo curioso en nuestro cerebro. Es ahí cuando empiezas a tratarlo como si fuese una persona, aunque no exactamente igual, pero si en lo que respecta a lo emocional.

Porque nuestro cerebro es mucho más inteligente y responde más a las emociones que a lo lógico. No lloramos o no sentimos ese vacío porque el personaje exista, sino porque sentimos lo que él siente.

Y eso nosotros, inconscientemente, lo notamos.

Pasamos horas viviendo con ellos

Piensa en una cosa.

Abres el libro y ni siquiera eres consciente de cuantas horas pasas leyéndolo. Puedes estar una semana tres horas al día o toda una noche leyendo sin parar, sin ni siquiera dormir. Y si es una saga, ya ni te imaginas cuantas horas pasas con esos personajes.

Hay persona reales con las que pasamos menos tiempo.

Con esos personajes los acompañamos cuando tienen miedo, cuando se enamoran, cuando fracasan y cuando pierden a alguien. Hasta cuando sonríen…

Es imposible convivir tantas horas con alguien y no crear un vínculo, incluso si es un personaje ficticio.

La empatía hace el resto

Solo soy una escritora que, por experiencia, he empatizado mucho con mis personajes.

Estoy acostumbrada que si no lo logro, la historia nunca se va a terminar y nunca podré continuar con su historia. Es por ello que la empatía para mi es lo primordial para continuar una historia. Lo mismo cuando la lees.

Cuando un personaje sufre, imaginamos ese sufrimiento. Cuando tiene miedo, nosotros también lo sentimos. Cuando consigue aquello que llevaba toda la novela buscando, nosotros también respiramos aliviados.

No porque exista, sino porque hemos vivido la historia junto a ese personaje. Logramos empatizar con él.

Cuanto mejor está escrito… más duele

No todos los personajes están bien descritos, al igual que otros están tan bien narrados que, incluso, no hace falta que salga demasiado en la novela.

Te pondré un ejemplo:

En mi nueva novela, el villano apenas sale, pero se nombra y tiene tanto poder que puedes sentir el miedo que infunda en la protagonista y empatizas tanto con ella, que sientes que ese villano está constantemente transmitiéndole peligro.

Es por ello que, cuanto mejor escrito esté un personaje, más aprendemos a quererlo y eso lleva mucho trabajo detrás. Demasiado.

Considero que los pequeños gestos son lo más importante en una novela, porque muestran la personalidad, conversaciones, errores que comenten, virtudes, momentos cotidianos… Todo eso hace que un personaje deje de ser tinta sobre papel para ser más real en nuestra mente.

Y empieza a parecer una persona.

En mi artículo sobre «¿Por qué nos enamoramos de los personajes moralmente grises?» hablo un poco sobre este tipo de personajes y que hace que nos intrigue.

Pero en el siguiente apartado viene la parte importante, la que nos hace sentir vacíos después de cerrar ese libro.

La resaca emocional

Olvidémonos por un momento de los libros.

¿Te has sentido así después de estudiar para un examen durante meses? ¿O por intentar sacar adelante un proyecto que creíste perdido desde el principio?

Imagínate que estás en un proyecto desde hace meses, te cuesta horas de sueño, trabajo y muchas lágrimas y de pronto, termina. Sientes lentitud, peor todavía, sientes un vacío que dejas después de meses con ello. Eso es resaca emocional y puede doler más que el propio estrés que viviste durante.

Así es cuando sucede tras sumergirte en una historia y terminar de cerrar el libro.

Llegado ese momento, no sabes qué hacer y tomas otro libro pero, adivina… No puedes empezar.

Si el personaje fue bien construido y si historia también, entrarás en una especie de bloqueo lector que te impedirá volver a empezar una novela nueva porque todavía sigues pensando en la historia anterior.

Todos los lectores nos hemos sentido así alguna vez, no eres la única.

Y te contaré algo.

Como escritora, tras acabar un libro, necesito dos semanas como mínimo para recuperarme de esa resaca. Antes de empezar otra novela porque si no alejo a esos personajes de mi mente, solo me bloquearé en mi futura obra. Quizás a veces, antes de empezar otro libro, necesitamos tiempo.

¿Por qué algunas historias nunca se olvidan?

¿Te viene a la mente alguna novela así? Da igual si la leíste en tu adolescencia o hace cinco años, ¿verdad que te viene una novela que nunca olvidarás?

No recordamos solo la trama, recordamos cómo nos hicieron sentir. Incluso a veces nos olvidamos del nombre del protagonista, pero jamás olvidaremos aquella escena, aquella despedida, aquella frase…

La historia nunca muere en nuestra mente y siempre lo recordaremos con una sonrisa.

Es más, incuso ahora que te la estoy nombrando, seguro que estarás pensando en volver a leerla después de tiempo sin hacerlo.

Adelante, será un hermoso momento que recordarás. Y aunque no sentirás lo mismo que aquella primera vez como cuando ves tu serie favorita siendo novata, si que amarás esa sensación de releerla.

Como escritora…

Cuando escribo una novela nunca pienso únicamente en contar una historia. Pienso en conseguir que alguien, dentro de meses o incluso años, cierre el libro y siga pensando en mis personajes.

Porque para mi, el mayor halago que puede recibir una escritora, no es que le digan que escribe bien. Sino que un lector eche de menos a alguien que nació únicamente de tu imaginación.

Y ver que muchos recordáis a Mike y Abby o a Willow y Wade, me da felicidad y ánimos a continuar creando historias. Mejorar como autora e intentar seguir dejándoles esa huella para siempre.

Mi opinión

Te voy a ser sincera, he llorado con personajes y mucho. Me he enfadado con ellos, los he querido y he sentido ese miedo que ellos sienten.

Eso es lo que diferencia un libro de una película. En la pantalla grande los vemos, vemos sus expresiones y escuchamos su voz… En un libro todo nace de nuestra imaginación y si un autor logra sacar el máximo rendimiento a esa imaginación, es un hermoso regalo que alguien nos podría hacer.

Quizás por eso escribo, porque aunque sé que los personajes no existen, pueden despertar emociones a alguien que los imagina.

Ese personaje despertó en nosotros algo que no lo haría quizás una persona real. Por las horas compartidas, por lo que aprendimos junto a él, por los pedazos de nosotros mismos que dejamos escondidos entre sus páginas, las emociones que nos regalan…

¿Y tú? ¿Qué historia te vino a la mente al leer este artículo? Me encantará leerte en los comentarios.

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